La historia empieza aquí, donde escribo estas páginas con la poca tinta que expele mi bolígrafo. Esta bien quizá esto parezca la demencia en su auge, pero tiene un dejo de razón, si tan solo se metiera hondo en la situación que relataré. No hace falta que las luces alumbren mi destratabillado papel para acordarme el sondeo que tienen las letras que describen mi pasar, aun así mis ojos moribundos por la desazón todavía redactan claramente lo vivido. No se altere si este penoso preámbulo continúa pero cabe destacar la situación que se aúnan con la forma que escribo, vaga, a veces desalineada.
Hacía calor, recuerdo perfectamente la gota de sudor que se columpiaba sobre mi labio, la remera empapada y el pelo sollozando por un poco de refrigeración, tal era así que inundaba toda mi cara para dejarme casi ciego. Las 3 de la tarde parecían haber pasado como si nada, yo ocupado con ese trabajo que me habían encargado en mi viejo puesto. Mi querido empleo, tanto me llenaba su monotonía que no precisaba más que eso; mi librería, fiel reflejo mío que enmarcaba un estilo de vida propio de un desaseado y de un hombre típicamente solitario y adicto a la soledad. Ya se acercaba mi hora de salida cuando acomodando el ultimo compás, reluciente por mis continuas limpiezas, se acerco alguien. No era "alguien" como así la palabra lo tipifica, era más bien alguien fuera de mi registro, nunca visto. Una larga falda que adornaba su personalidad y un continuo mascar me hacían ver que era un estereotipo que me llamaba la atención. "Hola, ¿vos atendés acá?", me dijo cuando se acercó al mostrador, mascando irreverentemente ese chicle. Le comente que yo era el empleado a cargo de todas las funciones de la librería y que a mi me competía atenderla, claro que no fue tan extensa y tan puntual mi respuesta. Ni siquiera fue lo suficientemente rápida, fue ni más ni menos que un "Ssssi", amplios titubeos me desbordaron, mis nervios carcomían mis cuerdas vocales y su belleza me encandilaba. "Bueno, tipo, busco algo que usás para marcar los cosos...." Fue cuando deje de prestar atención a sus palabras, ese momento me dedique a mirar el mover de sus labios y admirar su errática descripción de un transportador, Mientras mi sonrisa decoraba mi cara de idiota, ella me exclamó "'¡Me entendiste!, tipo me estas escuchando?!". Rápidamente sacudí mi cabeza hacia los lados, típico mío era una vieja arma que usaba para despabilarme. "Si, si disculpa, lo que buscas es un transportador". Tras una muestra y un análisis profundo de este instrumento por parte de ella, me dijo "¡Sii gracias, no me acordaba como se llamaba jaja!". Creo que mis titubeos una vez mas reinaron, pero pude entablar una conversación verdaderamente profunda. "Si para que lo necesitabas". Su respuesta fue lisa y llanamente "Para el colegio", claro era de esperar esa respuesta. En mi cabeza llegaba el correo de las preguntas idiotas, que podía hacer, tales como "De que signo sos?"; "Sos de por acá?"; "A que colegio vas". Claro que todo tendría que ir acompañado de un gesto y una voz totalmente seductora que reacomodaría el sonar y la cantidad de letras de cada palabra e incluso la adherencia de algunas, dando como resultado "De que signoo sossss, bebota"; "Soss de por acá jeje".
Esto me remite a recordar que mi primo siempre me contaba como hacia para hablar con chicas, y la verdad era interesante, porque a pesar de su campo de granos, el siempre estaba con chicas, e incluso se acostaba con ella, claro que no para tener lo que muchos piensan. El me contaba que las chicas salían despavoridas al ver su enorme tamaño, pero esto me parecía raro. Ya que cuando escuchaba a unas chicas hablar decían que eso no era el problema, que lo que si era el problema tendía a ser todo lo adverso. Además que el primo entre labios y casi silenciosamente decía "Chico...". Yo le entendía pero jamás pude aunar lo primero con ese fragmento. En fin el primo me dio vastos consejos de como le empezó a hablar a la gorda fofa, a la flaca raquítica e incluso a la figurita difícil a la moribunda Clara. La verdad que es admirable el target del primo. El me dijo que lo primordial era sonreír y después decirles "Holaa nena como te llamas" y seguido de un "La verdad que me pareces muy linda no te parece que vallamos a un lugar intimo". Lo que no entendía es porque fallaban las premisas cuando el primo las ponía en practica frente mío, pero bueno el decía que eran 90% efectiva, quizás cuando estaba yo era el momento de presentarse el 10%.
Quise refutar toda la enseñanza de mi primo, apodado por el barrio como "Mano colorada", por lo ganador obvio. Bien me enfrente a ella, erguí mis hombros y le pregunte tal cual el primo "Holaa nena, cco-o-ommmo esss-t-t-tas?". Su inminente respuesta fue sin expresar palabra alguna, fue sin más ni menos preámbulo una risa tal que me dejo totalmente perplejo. Tras la jocosa risa de mi cliente, su respuesta fue "Tipooo así pensás chamullar a una mina jaja, tipo no, mira te voy a enseñar que primero se dice..." Su tutorial recién empezaba y ya quería tenerla en mis brazos. Espectaculares fueron esos consejos, concluí, y al final le dije "Que t--tal si pasas otro día y me explicas otras cosas, Me llamó..." Mi nombre no impera tanto, tenga en cuenta que la situación tiene tanto brillo, que la lucidez que puede dar mi nombre es apenas un haz que pasa y se esfuma.
Bien pasaron los días y me fui amoldando a un tutorial que no tenia nada que ver a los que leía para la computadora, una nueva vida, lejos de los software y la Internet que ha complacido bastas noches. Cada vez que ponía en práctica lo que ella me decía mi cara iba ganando un tajo nuevo, era tanto así que mi depresión se hizo honda y la verdad no me dio más ganas de aventurarme en esos llanos. Los días pasaron y mis cadenas psicológicas se aferraron a la cama y no me dejaban omitir los llantos y la desilusión. Ella siempre fue la mejor compañía que pude tener, tras dos meses de amistad llegue a conocer a alguien distinto y que compartía cosas que no lo hacia con nadie. Alguien que no se asemejaba a "el narigón", "el gordo", "cuatro ojos" o "marmota Suárez". Una mujer en mi vida, la primera que conozco y que interactúo. Los chicos preocupados me llamaban y me decían: "que pasa que no jugás mas al Sirius Black, no vez que es la batalla final y no podes dejar de venir". Sus mensajes ahogaban a mi contestador y cada día que los borraba al otro día aparecían de vuelta el anuncio con la voz de "el marmota Suárez" dictaminando un tipo de sentencia, sino iba al torneo de jueguitos. Pero un predicamento se presento, elegir entre los amigos del ciber y la chica que estaba en cada uno de mis sueños. Eligiera lo que eligiera perdería la compañía de alguno, yo no quería eso. En fin ella llamo otra vez y me dijo con su vos beneplácito "El sábado vamos al Cax, no podes dejar de venir, porfi que tengo unas ganas de verte". Se sonrió mi descontento rostro, para avisarme que ella era la que me hacía feliz ahora.
Llegó el día "D", tenia que elegir y cambiar a alguno de los que estaban en disputa por mi presencia. Bien analicé y pensé amplios minutos de mi día en la librería. Ocupaban, esos pensamientos, todo el tiempo que nunca me imagine que lo iban a hacer. Fiel reflejo de eso eran distintos signos como, que los libros no se acomodaban tan bien o mis continuas trapeadas no se hacían presentes, atender a cualquiera era un total desinterés e incluso lo precios no eran, lo cal me remitían a redimirme. Pero era todo tedioso, no había tanta pasión, no había tanta dadivosidad como al principio. Llegó un llamado a la librería, era "Marmota". Inhóspitamente mi respuesta fue "No me jodas que estoy laburando, tipo ahora no puedo hablar". Ja mi mente se rió, pensó ella te esta afectando y mientras un debate se planteaba entre mi potencial enamoramiento y mi descontento, mi cerebro intentaba continuar con las tareas habituales que me correspondían. Pasarle la franela a la fotocopiadora nunca me había tomado tanto tiempo, ni tanto pensar. "Basta", mi cabeza meditaba sabiamente, "Voy a hacer lo correcto, no vale dejar así a una persona, aparte con todo el apoyo que me dió. No es justo para mi tampoco, no me voy a dejar manipular...". Creo que mi conclusión fue muy obvia y lo suficientemente clara como para entender cual era el axioma correcto que debía tomar.
Al otro día, cuando el sol estaba bajando, ya las gotas no se columpiaban y la gente estaba beneplácito con el clima. Anteriormente la llame y le dije por teléfono "Pasame a buscar por el laburo, hay algo muy importante que tengo que decirte. Mira que salgo tipo 7 de la tarde". Tras un acuerdo pactado, ella siempre puntual, se estanco con su hermosa figura, frente a mis ojos y parecía que involucionaba porque siempre que la veía me dejaba sin palabras. Le propuse caminar hasta mi casa, vivía a tan solo cinco y era una oportunidad para que conociera mi "cueva", como la llamaba. Hablamos. No dejaba respirar a sus pulmones, pues las frases que invocaba eran interminables, y pronto le seguía otras. Parecía que había desarrollado una especie de branquias. Al llegar a mi cueva, le propuse sin titubeos "Querés subir?", acepto con una sonrisa, que increíble era para mí y lo que tenía que decirle creo que cambiaría todo. Subimos. El ascensor, siempre detentaba contra las conversaciones; el ruido era descomunal. Le di algo de tomar y le ofrecí sentarse, empecé con un prologo de lo que quería decirle, pero nunca ahondando, simplemente un sondeo por la idea, recuerdo que mis palabras textuales fueron, "Bueno la v-verdad que est-t-tamos bien, nunca est-t-uve así con alguien, y el sábado", en este ínterin creo haber visto que sus ojos se llenaron de luz y era como que esperaba la respuesta de su vida. Continué diciendo, "Voy a ir con los chicos al ciber". Rápidamente se levantó, y empezó a decir "No te das cuenta de nada, no te importa nada esto, nunca te vas a acordar de mi, solo cuando veas que nadie te da bola, pelotudo, aparte esta casa de pajero, ¡Te odio!". Pronto una cachetada pareció planear en el aire y sin fijar destino arribo en mi cara. "Pero que pasa?, si nosotros somos amigos no te enojes, 'porfi'". Creo que tras unos insultos mas lo que recuerdo y me quedo fijado en la retina fue "No te das cuenta que te amo!!, que sos el único que no me juzgó ni nada!". Yo me quede atónito, mis palabras se encerraron en mi boca, fueron prisioneras de mis pensamientos, no quisieron ser testigos de un dolor más. No pude contenerme, al no darme cuenta que la situación se iba de las manos, como fui tan tonto para no darme cuenta lo que ella sentía. Fue cuando todo cerró, su seguimiento hacia mi persona, los llamados, las cartas, los regalos, los "Tkm" en los mensajes de texto, los "vos sos la única persona que me entiende" que eran prácticamente una premisa al final de sus entredichos con su ex-pareja. Porque no me di cuenta, fue lo que pensé, y millones mas de "porque" que se aunaban a lo anterior. No pude contener mis lagrimas y al ver que sus insultos propinaban a mi corazón una golpiza, la agarre por el cuello, en un sollozo, y le dije "Porque no me dijiste nada, yo te amo, porque ..." y mis manos iban sujetando mas y mas fuerte su débil cuello. En el ínterin de mi salvaje respuesta, totalmente inconsciente, la tire al suelo y mientras citaba a todo un diccionario de vocablos impropios, mis pies se aunaban con su cuerpo. Creo que el dolor que sentía ella no era comparable con el mío. Patada, llanto, patada, llanto y así se hizo un circulo vicioso. No me contuve mas y finalmente corrí a la cocina, y agarre un filoso cuchillo, esta vez no iba a practicar menesteres para la cena. Me acerque lentamente y tras la frase "Vos, me hiciste sufrir mucho, me hiciste ilusionarme, sos un putita nada mas". Su moribunda respuesta, propia de su cuerpo totalmente roto, fue "No por favor, estas pensando cualquiera". Era tarde, el cuchillo y se había enterrado en su corazón, no se como, bajo solo y mi mano hizo de cómplice para terminar algo que yo no quería pero lo deseaba.
No fui a jugar al ciber la culpa era terrible, mis llantos eran imparables y los "porque" seguían reflotando en mi cabeza, "Porque si yo la amaba", otra vez me pregunte, pero era tarde, la familia llamaba y llamaba. Pero no había señal de mí ni de ella.
Mi culpa por fin fue subsanada, desde aquí, un hogar que no es propio de nadie pero que nos compete a todos los que hicimos algo que teníamos como "autorrealización". La cárcel, poco a poco la celda se fue amalgamando a mi y lo que me hacia tanta mella prontamente se desvanecería. Cuando se acercaban las 4, unos guardias, descontentos con su vida, venían y hacían una suerte de descargo psicológico. Mi cuerpo lentamente se rompía, pero aun así seguía en pie, mi cabeza se desvaneció y quedo solo algo totalmente amorfo que era, en realidad, mi verdadero yo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario